¿Cómo retrasar su avance?

Éstas son las claves de la prevención, evitar o retrasar la aparición de las enfermedades (Prevención Primaria), limitar su progresión y favorecer su pronta curación (Prevención Secundaria) y minimizar las consecuencias y secuelas de la misma (Prevención Terciaria), objetivos a las que se podría sumar el procurar eludir los secundarismos y efectos negativos de las actuaciones sanitarias (Prevención Cuaternaria); todas y cada una de ellas pueden ser puestas en práctica en la enfermedad de Alzheimer.

La Prevención Primaria tiene por objeto evitar o retrasar la aparición de la enfermedad, lo que se consigue disminuyendo la exposición o efectos de los agentes causales y de los factores de riesgo y aumentando y promoviendo los factores protectores y la resistencia de los organismos frente al proceso patológico. En la génesis de la enfermedad de Alzheimer intervienen la edad y factores genéticos, médicos, ambientales y conductuales, algunos de ellos actúan como factores de riesgo, en tanto otros actúan como protectores; unos no son susceptibles de manipulación (edad, factores genéticos, etc.), otros en cambio, sí la permiten (factores médicos, conductuales) posibilitando, por tanto, la prevención primaria.

En este sentido, hoy día sabemos a ciencia cierta que los factores de riesgo vascular (hipertensión, diabetes, hiperlipidemia, etc.) son también factores de riesgo para la enfermedad de Alzheimer y, en concreto, disponemos del máximo nivel de evidencia científica de que un adecuado control de la hipertensión se sigue de una disminución del riesgo de padecer deterioro cognitivo y demencia, lo que recomienda su adecuada detección, corrección y control. Otros factores médicos que actúan como factores de riesgo y que por tanto se deberían evitar o corregir cuanto antes, son los traumatismos craneoencefálicos y la depresión.

El tipo de alimentación es otro factor manipulable que puede influir en la aparición de la enfermedad de Alzheimer. Estudios muy recientes demuestran que las personas que siguen una dieta mediterránea tienen menos riesgo de desarrollar deterioro cognitivo y enfermedad de Alzheimer; aquellos que no tienen la suerte de haber nacido en esta zona geográfica y en este entorno cultural, sí podrían tratar de enriquecer sus dietas con pescados, verduras, frutas y grasas vegetales, y empobrecerlas en calorías, grasas animales y saturadas, con objeto de aproximarla a las características y cualidades de la dieta mediterránea. Los estudios también parecen coincidir en que el consumo moderado de alcohol puede proporcionar cierta protección, pero hay que tener siempre presente que el exceso o abuso de alcohol supone un importante problema de salud. No podemos, en cambio, afirmar hoy de forma categórica que los suplementos vitamínicos o de ácidos grasos omega-3(4) proporcionen una protección significativa para el desarrollo de enfermedad de Alzheimer.

El aspecto más interesante de la prevención primaria es la constatación de que el cerebro es capaz de tolerar cierta cantidad de lesiones sin que aparezcan síntomas; es lo que se ha denominado «Reserva», y que explica que las enfermedades neurodegenerativas se manifiesten un tiempo después de su inicio. Las personas con más «reserva» pueden tolerar más cantidad de «enfermedad» y por tanto la expresión clínica puede retrasarse, a veces incluso diferirse, tanto que no llegue a manifestarse en la vida (el cerebro de un tercio de las personas mayores de 80 años que mueren sin demencia, tienen hallazgos típicos de enfermedad de Alzheimer). Esta capacidad de tolerancia o reserva, que actúa como un factor protector, está influenciada por múltiples factores, siendo probablemente uno de los más importantes, por la posibilidad de modificarlo, la estimulación cognitiva. Las personas con más nivel educativo o con ocupaciones con mayores exigencias cognitivas, disponen de mayor reserva y muestran menos riesgo de demencia; una revisión muy reciente ha puesto de manifiesto que la estimulación cognitiva formal es capaz de disminuir el riesgo de demencia. Estudios epidemiológicos y de intervención también han mostrado que la actividad física y la actividad social son también factores protectores de demencia que habría que facilitar y fomentar. Consecuentemente, habría que evitar y corregir las contrapartidas de estos factores protectores, es decir, la inactividad mental, el sedentarismo y la soledad que, de hecho, se comportan como factores de riesgo.

La clave de la Prevención Secundaria es el adelanto y mejora tanto del diagnóstico como del tratamiento. El diagnóstico precoz exige por un lado disponer de buenas pruebas diagnósticas, y por otro, que éstas sean aplicadas cuanto antes. Una buena prueba diagnóstica debe ser válida, fiable, y a ser posible, reflejo de los procesos patológicos subyacentes; por otro lado, debiera ser simple, económica e incruenta. Se ha avanzado mucho en los primeros aspectos, disponiendo en la actualidad de biomarcadores biológicos y pruebas de neuroimagen estructural y funcional que facilitan el diagnóstico de enfermedad de Alzheimer, sin embargo, estas pruebas no son por el momento accesibles y su empleo se limita a centros de investigación.

No basta disponer de buenas pruebas diagnósticas, es necesario además que éstas se apliquen precozmente, para ello es fundamental que exista una buena adecuación de los recursos a las necesidades y demanda del problema, lo que exigiría disponer del número adecuado de los distintos profesionales que intervienen en el proceso diagnóstico (neurólogo, neuropsicólogo, etc.). De la misma forma, sería conveniente mejorar la formación y la actitud hacia el diagnóstico precoz del resto de profesionales que aunque no participan activamente en este proceso, sí intervienen de forma clave en la detección y derivación de los pacientes. Favorecería también el diagnóstico precoz una mejora de la educación sanitaria de la población, dirigida sobre todo a acabar con la falacia de que la pérdida de memoria y el deterioro cognitivo son un hecho consustancial al envejecimiento, frente al que no cabe plantear tratamiento o acción alguna; esta injustificada forma de pensar es aún más negativa cuando arraiga en profesionales sanitarios, una circunstancia que, lamentablemente, sigue siendo relativamente frecuente.

El diagnóstico precoz y certero tiene sentido si se sigue de un tratamiento que sea capaz de interferir con los procesos patológicos, cuando menos, enlenteciéndolos y si es posible, deteniéndolos o revirtiéndolos. No disponemos en la actualidad de tratamientos con esta capacidad, pero no perdemos la esperanza de que el esfuerzo investigador que se está realizando en este sentido se vea pronto recompensado con un fármaco que pueda interferir con el curso progresivo de este proceso(. En ausencia de los anteriores tratamientos, consuela saber que disponemos hoy de cuatro fármacos (donepezilo, rivastigmina, galantamina y memantina) que son capaces de proporcionar una mejoría, discreta pero real, en sujetos con enfermedad de Alzheimer y cuyo uso es razonable iniciar lo más precozmente posible pues mantienen la funcionalidad del paciente.

La Prevención Terciaria aspira a minimizar las consecuencias (dependencia progresiva) y el coste del proceso ya establecido y convenientemente tratado. Los costes de la enfermedad de Alzheimer son múltiples. Por un lado, los costes directos derivados de la asistencia sanitaria (consultas, pruebas complementarias, fármacos, etc.), de los cuidados formales y de la institucionalización. Por otro lado, los costes indirectos de los cuidados informales proporcionados por la familia y voluntarios y de las jornadas perdidas por estos cuidadores informales y el correspondiente lucro cesante, así como el coste de las adaptaciones del entorno. Por último, existe un coste intangible e incuantificable derivado del daño físico, emocional y moral que esta enfermedad conlleva tanto en el paciente como en su entorno próximo. Es el grado de dependencia el que determina directamente el nivel de coste; y son los costes del cuidado los más relevantes, en especial de los cuidados formales y la institucionalización, ya que el tratamiento farmacológico apenas suponen el 10% del gasto total.

La clave de la prevención terciaria sería retrasar la dependencia y la institucionalización lo máximo posible, para ello es importante, no sólo adaptar adecuadamente el entorno del paciente, sino también, dotarlo de los medios de apoyo necesarios para facilitar la permanencia del paciente en el mismo (teleasistencia, ayuda a domicilio, centros de día, etc.) y sobre todo, informar, formar y apoyar al cuidador, reconociéndole y facilitándole la tarea que realiza y proporcionándole ayudas y beneficios económicos, fiscales, laborales y burocráticos que le faciliten su impagable labor.

Por fin, la Prevención Cuaternaria, debe procurar evitar los efectos negativos y secundarismos de la actuación médica, aspiración implícita a la profesión y consagrada ya en el «primun non nocere» del Corpus Hipocraticum. Estos secundarismos van más allá de la iatrogenia clásica de los efectos secundarios de los tratamientos y de las exploraciones complementarias; hoy día podemos hablar también de una iatrogenia social y cultural que en muchas ocasiones fuerza actuaciones sanitarias por la falta de aceptación de la enfermedad y la muerte y la falta de reconocimiento de las limitaciones de la ciencia médica frente a estas situaciones. Convendría en términos generales, desmedicalizar muchos aspectos de la vida y humanizar el proceso de enfermar y de morir; en el caso particular de las enfermedades neurodegenerativas como la enfermedad de Alzheimer, es necesario proporcionar una información veraz y realista acerca de la naturaleza progresiva del proceso y de lo que verdaderamente cabe esperar en este momento de la Ciencia Médica.

Volviendo a la pregunta del título, ¿se puede retrasar el avance y prevenir la enfermedad de Alzheimer?, la respuesta tiene que ser afirmativa y probablemente constituya al día de hoy la forma más eficaz de abordar el desafío sociosanitario que supone esta enfermedad, ya que el efecto de las medidas por modesta que sea su eficacia se multiplica a largo plazo. Así, se prevé que, de no cambiar la situación actual, en el año 2050 existan en el mundo más de cien millones de pacientes con enfermedad de Alzheimer; retrasar dos años el inicio de la enfermedad se traduciría en al menos veintidós millones de casos menos(15), si el retraso fuera de cinco años, el número de pacientes se vería reducido a la mitad, y si se consiguiera retrasar diez años, la enfermedad de Alzheimer pasaría a convertirse en una enfermedad rara.

En conclusión, la prevención de la enfermedad de Alzheimer es posible y necesaria; su puesta en práctica va más allá de la labor de los profesionales sanitarios y compete a toda la sociedad y sobre todo, a todos y cada uno de los individuos para los que sigue siendo válido el decálogo preventivo que propusiéramos hace algunos años:

  1. Come poco pero come bien; bebe con moderación.
  2. Evita el tabaco y otros tóxicos.
  3. Mantén una actividad física moderada.
  4. Cuida tu salud: vigila y corrige los factores de riesgo, evita la depresión.
  5. Huye de la soledad: asóciate, agrúpate, emparéjate.
  6. Nunca dejes de estudiar, o al menos de leer.
  7. Mantente informado de lo que pasa a tu alrededor.
  8. Diviértete; si es posible, en compañía.
  9. Ocupa tu tiempo libre; programa la jubilación.
  10. Ten siempre presente que: «Nunca es tarde para emprender ni para aprender».
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Hay algunos hábitos que podemos implementar que ayudan a reducir las probabilidades de su desarrollo:
1.- Controlar los valores de presión arterial y prevenir la hipertensión prolongada, pues ésta se ha asociado a mayor deterioro cognitivo y más riesgo de demencia
2.- No consumir grasas en excesos y escoger adecuadamente las fuentes de grasas priorizando la ingesta de omega 3.
3.- Consumir suficiente cantidad de antioxidantes como carotenos, vitamina C, vitamina E y selenio, para ello, podemos incrementar la ingesta de frutas y verduras frescas así como incluir frutos secos a la dieta
4.- Mantener la actividad mental y social, es decir, leer, pensar, conversar y demás.
5.- Prevenir o revertir dislipemias, evitando valores de colesterol y triglicéridos notablemente elevados
6.- Evitar hábitos tóxicos como el consumo de drogas, tabaco, alcohol en exceso entre otros.
7.- Mantener la actividad física regular.


Si bien no podemos evitar el desarrollo de esta enfermedad, si podemos reducir su riesgo de aparición llevando un estilo de vida saludable que mantenga a raya la expresión de los genes.
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¿A dónde puedo acudir?

1.- Tú médico de cabecera, es el profesional más adecuado para valorar inicialmente tu problema de memoria. Te conoce, estimará adecuadamente si son cambios significativos. Te orientará para obtener atención neurológica especializada.

2.- En tu área sanitaria existen Servicios de Neurología, tanto en el marco de los Hospitales públicos como privados, que cuentan con  profesionales con especial dedicación a los problemas de memoria y otros trastornos cognitivos. Solicita una cita con ellos.

3.- Las Asociaciones de Familiares (www.ceafa.es) son un elemento importante para orientar y apoyar a un paciente con enfermedad de Alzheimer.

4.- En Clínica de Memoria CEFINE - NEUROLOGIA un equipo de profesionales con amplia experiencia en estos trastornos disponen de medios para ofrecerte las mejores opciones de diagnóstico y tratamiento e investigamos continuamente en nuevos tratamientos farmacológicos y de rehablitación cognitiva para preservar funcionalidad. Coordinados por un Neurólog especialista en trastornos de Memoria y Enfermedad de Alzheimer. Disponemos de especialistas en Neuropsicología, Terapia ocupacional, Logopedia y Fisioterapia para ayudarte a mantener tu autonomía diaria.

¿Qué ejercicios puedo realizar?

EJERCICIOS:
Puedes descargar e imprimir alguno de los que figuran en los cuadernos de estimulación cognitiva a la derecha, recuerda que debes de descansar frecuentemente y que no debemos estresarnos ni generar ansiedad o tensiones por el resultado: LO QUE IMPORTA ES QUE LO INTENTES NO SOLO LO QUE CONSIGAS.

¿Puedo llevar una vida normal?

FRECUENTES ERRORES SOBRE LA ENFERMEDAD DE ALZHEIMER

LAS PERSONAS CON ENFERMEDAD DE ALZHEIMER SE VUELVEN AGRESIVOS, AGITADOS Y VIOLENTOS: NO, no todos los pacientes se agitan o se vuelven agresivos. La enfermedad afecta a cada persona de modo diferente. Habitualmente estos síntomas se originan por una mezcla de confusión e inseguridad debida a los déficits cognitivos. Resultan también de la pérdida de capacidad para procesar información y comunicar sus necesidades verbalmente. Si entendemos la enfermedad, las familias y cuidadores pueden adaptarse a nuevos métodos de comunicación y prevenir comportamientos negativos.

LAS PERSONAS CON ENFERMEDAD DE ALZHEIMER NO PUEDEN LLEVAR UNA VIDA CON CALIDAD NORMAL. NO PUEDEN FUNCIONAR NI DISFRUTAR DE ACTIVIDADES: NO ES CIERTO. Los pacientes con ésta enfermedad pueden tener años de vida activa y provechosa. El diagnóstico precoz y los tratamientos actuales pueden ser de gran ayuda en ello. Si el diagnóstico se realiza en fases leves es posible conseguir “vivir” con la enfermedad y no “morir” con ella. Incluso en fases avanzadas si el trato es el adecuado a seres humanos pueden dar y recibir cariño, participar en determinadas actividades y tener momentos de ocio y disfrute.

ES PRECISO RESPETAR SUS DERECHOS PARA ELLO:

  • Ser informado del diagnóstico
  • Recibir tratamiento médico adecuado
  • Participar en trabajo y ocio cuanto sea posible
  • Ser tratado como un adulto, no como un niño
  • Ser respetado y tomado en serio
  • Estar libre de medicaciones psicótropas, si es posible
  • Vivir en un ambiente seguro, estructurado y predecible
  • Disfrutar de actividades que den sentido y llenen cada día
  • Disfrutar de paseos regularmente

Soluciones para el futuro

Cada 4 segundos una persona es diagnosticada de demencia. Se estima que para el año 2050 más de 100 millones de personas sufrirán esta enfermedad.

Estas cifras han sido dadas a conocer por la Asociación Internacional de Alzheimer, a través de la difusión de una Carta Global, que ha sido traducida a más de 7 idiomas, con el objetivo de llamar la atención de los gobiernos sobre la necesidad urgente de considerar el Alzheimer y otras demencias como una prioridad en las políticas sanitarias a nivel mundial, Nos enfrentamos a una emergencia en materia de salud pública y de atención social, que requiere una acción inmediata. La enfermedad de Alzheimer es la causa más común de demencia, representando entre el 60% y el 70% de todos los casos de deterioro cognitivo. La demencia es una enfermedad progresiva y neurodegenerativa, que provocan un deterioro de las capacidades intelectuales afectando a todos los aspectos de la vida del individuo y de sus familiares, particularmente de aquellos que ejercen de cuidadores principales. Cada año se producen 4,6 millones de nuevos casos de demencia en el mundo, lo que implica que cada 7 segundos una persona es diagnosticada de esta condición. Para el año 2050 se estima que cerca de 100 millones de personas sufrirán esta enfermedad. Sin embargo, ningún país está preparado para afrontar un problema de salud mental de tal magnitud. La falta de sensibilidad y conocimiento ha dado lugar a que los recursos sean insuficientes. La atención mundial a este problema de tan rápido crecimiento es tan escasa que la mayoría de los afectados continúan sufriendo sin esperanza ni ayuda. ¡Esta situación necesita un cambio!. Se puede mejorar la calidad de vida de las personas con Enfermedad de Alzheimer y otras demencias. A menudo, ellos, sus familiares y sus cuidadores carecen del apoyo que necesitan y se merecen.

Los miembros de la Asociación Internacional de Alzheimer, que representan a 77 asociaciones en todo el mundo,  hacen un llamamiento urgente a todos los gobiernos y grupos de interés para promover actuaciones de inmediato. Para que la Enfermedad de Alzheimer y otras demencias sea una prioridad global, deben adoptarse los siguientes principios:

1. Promover la sensibilidad y el conocimiento de la enfermedad.
2. Respetar los derechos humanos de las personas que sufren demencia.
3. Reconocer el papel fundamental de los familiares y de los cuidadores.
4. Facilitar el acceso a tratamientos y cuidados socio-sanitarios. 5. Asegurar el acceso a un tratamiento óptimo, una vez establecido el diagnóstico.
6. Tomar medidas para prevenir la enfermedad, a través de mejoras en la salud pública.

Para la elaboración de un plan de acción adecuado para abordar el problema del Alzheimer sobre la base de las declaraciones de Kioto y de París, y dentro de los límites de los recursos disponibles en cada país-, se deben tener en cuenta los siguientes aspectos:

Proporcionar información sobre los síntomas, evolución y tratamiento de la enfermedad a la población general.
Reducir el estigma, promoviendo la concienciación y el conocimiento sobre las demencias.
Dar prioridad a la formación y dotar de herramientas a los profesionales de la salud (incluyendo a los trabajadores sociales) y a los familiares, para facilitar la detección temprana de las demencias, proporcionar los cuidados apropiados al enfermo y asegurar el acceso al mejor tratamiento.
Facilitar el acceso de los enfermos a los servicios de Atención Primaria y especializada, para que respondan adecuadamente a las necesidades de las personas con demencia.
Promover diferentes alternativas de cuidados de larga duración (domiciliarios y comunitarios) que prioricen el mantenimiento de la independencia y la autonomía personal y el apoyo a los cuidadores. 6. Hacer que todos los escenarios implicados en el cuidado de estos enfermos, incluidos los hospitales (cuidados agudos), así como las instituciones de larga duración sean lugares seguros y apropiados para las personas con demencia.
Estimular a los afectados a tener la mayor participación posible en la vida de sus comunidades y en la toma de decisiones respecto a sus propio tratamiento.
Asegurar un estándar de vida adecuado para la salud y el bienestar de las personas con demencia, incluyendo alimentación, vestido, vivienda y cuidados médicos.
Establecer un marco legislativo que regule y proteja los derechos de aquellas personas con demencia que carecen de la capacidad para dirigir sus vidas.
Financiar programas de educación y sensibilización para promover un mayor conocimiento y, de esta manera, reducir el riesgo de la enfermedad.
Dar prioridad a las investigaciones sobre la Enfermedad de Alzheimer y otras demencias.


Ni la Enfermedad de Alzheimer ni ningún otro tipo de demencia forman parte del proceso natural de envejecimiento. Es posible prevenir su desarrollo. Un tratamiento adecuado puede mejorar la calidad de vida de las personas con demencia y de sus familiares. La investigación médica continuará mejorando los tratamientos existentes. Seamos positivos y adoptemos las soluciones que ayudarán a millones de personas hoy y mañana.

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Compartir con otros el Diagnóstico de Alzheimer

Cuando se llega a saber que un familiar sufre de la enfermedad de Alzheimer, posiblemente nos abrumarán los sentimientos de confusión, culpa y soledad. Además, al asumir el papel de cuidador, puede dudarse si revelar el diagnóstico al resto de la familia, a los amigos y — posiblemente al más importante — la persona con la enfermedad, debido a la dificultad para manejar sus reacciones. Aquí adelante, se dan algunas sugerencias para decidir como discutir con los demás acerca de la enfermedad:

Tome en cuenta a la persona que ha sido diagnosticada

Para decidir si es prudente decirle a la persona acerca del diagnóstico, primeramente deberemos respetar su derecho de hacerle saber lo que está mal. Sea sensible con los sentimientos de la persona y de su estado emocional, así como también de sus condiciones médicas, de su habilidad para recordar, razonar y tomar decisiones.

Recuerda que la persona con enfermedad de Alzheimer podría sospechar que algo está mal mucho antes de que un Médico haga un diagnóstico. Si no le damos una explicación, la persona podría pensar lo peor. Por otra parte, si discutimos el problema con él/ella, la persona podría sentirse más relajada al saber que es lo que tiene, una enfermedad que habrá que afrontar.

Además, la persona ya informada podría ser capaz de participar más en los aspectos médicos, legales, financieros y en la propia planificación personal, dependiendo del progreso de la enfermedad.

Pídale consejo a su Neurólogo. Es preciso ser sensible a las reacciones de la persona. Él y ella posiblemente no sea capaz de entender todo lo que el diagnóstico significa, ni tampoco podría aceptar su explicación. Si este es el caso, posiblemente lo mejor es aceptar su reacción y evitar explicaciones más detalladas de la enfermedad.

Debemos dar confianza a la persona. Permítale saber que se le proporcionará la ayuda y el apoyo necesario y que además, se hará lo mejor que se pueda para llevar una vida normal y completa.

Cuando percibamos que es el momento correcto, proporcionémosle información continua y benéfica referente a los síntomas y a la importancia del cuidado constante. Por ejemplo, podríamos decir: “Mamá, debido a tu memoria y a los demás problemas, deberás poner más de tu parte y permitir que todo mundo te ayude.” (Nota: No es necesario usar el nombre de la enfermedad “Alzheimer,” si creemos que podría agobiar a la persona.)

Tratemos a la persona como un adulto dándole la importancia justa a su enfermedad. Cuando la enfermedad progrese, mantenga un criterio abierto sobre las necesidades de la persona y de hablar acerca de su enfermedad. Sea paciente si tiene que repetir sus explicaciones. Repita igual como lo dijo la primera vez y así el paciente tendrá mejor posibilidad de entender la información que Usted está proporcionando.

El paciente podría pedir realizar ciertas actividades como trabajar, conducir o manejar los asuntos financieros. Así como también, podría expresar sus sentimientos de enojo, frustración y desilusión.

Por lo tanto, tome en cuenta las actitudes no verbales como tristeza, enojo o ansiedad y responda con amor y confianza.

Informe a los familiares y amigos.

Sea honesto acerca de la condición de su familiar. Usted posiblemente se sentirá aliviado después de hablar de la enfermedad con los demás familiares y amigos más cercanos. Asegúrese de explicar que la enfermedad de Alzheimer es una condición médica de causas desconocidas y hasta este momento sin cura. Proporcione a las demás personas información adecuada sobre la enfermedad incluyendo una descripción de los síntomas comunes. Cuanto más aprenda la familia y los amigos acerca de la enfermedad, más cómodos podrían sentirse cuando estén alrededor del paciente.

Comparta el material educativo que posea.

No se quede Usted mismo fuera de la conversación. Explique como la responsabilidad de los cuidados ha afectado su vida y la forma en que podría cambiar su vida en el futuro. Así, los demás tendrán más criterio sobre cómo ellos pueden ayudar.

Solicite el apoyo familiar. Tenga presente varias tareas para las personas que ofrezcan su ayuda cuando dicen: “Por favor, permíteme saber si hay algo que yo pueda hacer para ayudarle.” Involucrando a los demás de esta manera, ayudará hacerles entender mejor el por qué usted ha tomado ciertas decisiones.

Invite a los demás que hagan visitas cortas, pero sugiérales que llamen antes. Recuerde que el paciente de Alzheimer podría llegar a estar ansioso cuando mucha gente lo visita al mismo tiempo.

Permita que los niños y jóvenes participen en la vida de su familiar. Los niños son frecuentemente capaces de relacionarse con una persona que tiene una habilidad verbal limitada. Los adolescentes y adultos jóvenes se sienten valorados si se les ofrece la oportunidad de pasar tiempo con la persona o compartir algunos de las responsabilidades del cuidador.

Aunque Usted nunca haya tenido una gran relación con los vecinos, infórmeles acerca de la condición de su familiar. Posiblemente hayan observado al paciente actuar de una manera extraña o divagar alrededor de la vecindad y agradecerán su información. Si ellos entienden el diagnóstico, posiblemente ayudarán cuando observen que la persona necesita ayuda o podrían ofrecer su ayuda en caso de emergencia.

Sea honesto con usted mismo y con el paciente con Alzheimer. Tome en cuenta que algunos amigos y aun familiares podrían alejarse lentamente de su vida. Algunas personas podrían sentirse incomodas alrededor del paciente, mientras que otros posiblemente no quieran involucrarse en los cuidados. No permita que éstas actitudes interfieran con sus compromisos para cuidar a su familiar querido y a Usted mismo.

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Algunas ideas dietéticas y nutricionales para el paciente con deterioro cognitivo


Mantener y mejorar la salud es posible con una alimentación suficiente, variada y equilibrada. La alimentación influye de manera relevante en las funciones cognitivas, por lo que es muy importante que las personas que presentan las primeras pérdidas de memoria sigan unas pautas de alimentación adecuadas.

Se debe tener especialmente en cuenta el seguimiento de dietas ricas en ácidos grasos omega-3, fosfatidilserina y vitaminas del grupo B, ya que se ha demostrado que estos nutrientes mejoran la memoria y la atención en pacientes con deterioro cognitivo.

Por otra parte, la inactividad nunca es beneficiosa. El ejercicio físico regular, adaptado a las características de cada persona, contribuye al bienestar físico y mental. Seguir estos consejos ayuda a conseguirlo de manera sencilla y agradable:

1.- Distribuir bien los alimentos a lo largo del día, realizando desayuno, comida y cena (a veces, llevar a cabo un almuerzo o tentempié a media mañana y una merienda a media tarde es aconsejable). De esta manera, se puede alcanzar fácilmente la variedad de nutrientes necesaria. Sentarse a comer acompañado y en un ambiente agradable hace más gratificante la alimentación.

2.- Es muy recomendable consumir productos elaborados con cereales integrales. Pueden ser una buena opción el pan con el que se acompañan las comidas, los cereales presentes en el desayuno o la pasta de la comida o cena. Tampoco hay que olvidarse de las legumbres: conviene tomar platos elaborados con ellas (lentejas, garbanzos, judías), al menos una vez por semana y mejor, 2 ve- ces. Pueden tomarse enteras (cocinadas o incluso formando parte de ensaladas) o en puré.

3.- Los huesos necesitan calcio, especialmente en edades avanzadas. Para obtenerlo adecuadamente, conviene ingerir a diario 2-3 tazas de leche desnatada o semidesnatada o su equivalente en productos lácteos. Su médico puede recomendarle suplementos de calcio y de vitamina D en caso necesario.

4.- Conviene limitar la ingestión de sal para lo cual puede ser adecuado utilizar otros condimentos (laurel, ajo, tomillo, etc.) y especias. En cualquier caso, hay que procurar tomar menos de 2,3 g de sodio al día (menos de una cucharilla de sal). El potasio, contenido en frutas y verduras, ayuda a compensar adecuada- mente el equilibrio mineral.

5.- La mejor bebida es el agua. Son necesarios alrededor de 2 litros diarios. Para alcanzar esa cantidad también pueden tomarse caldos, infusiones, sopas ligeras y zumos. ¡Beber agua es siempre necesario, aunque no se tenga sed!

6.-Quienes consumen alcohol deben hacerlo con moderación. Son preferibles las bebidas fermentadas (vino, cerveza, sidra) acompañadas de alimentos.

7.- Los alimentos se deben utilizar con la menor cantidad posible de grasa, así como con preparaciones culinarias ligeras (horno, plancha, vapor, etc.). Para freír o condimentar, es preferible el aceite virgen de oliva.

8.- Se deben consumir cantidades suficientes de pescado, al menos, 2 ó 3 veces por semana, siendo preferible el pescado azul, como sardina, boquerón, caballa, salmón, etc., dada su riqueza en ácidos grasos omega-3, los cuales se ha demostrado que pueden favorecer las funciones cognitivas.

9.- Es necesario tomar cada día cantidades suficientes de frutas (al menos, 3 piezas) y hortalizas (1 plato de verduras), eligiendo una amplia variedad de ellas. ¡Es importante dar a los platos todo el color necesario para alcanzar un buen estado antioxidante! La ingestión de vitaminas antioxidantes, como la vitamina E (p. ej.: nueces, almendras, brócoli, espinacas, aceite vegetales, semillas de girasol, etc.), así como de ácido fólico (p. ej.: espinacas, espárragos, legumbres, hígado, etc.) y de vitamina B12 (p. ej.: carnes, riñón, hígado, huevos, lácteos, mariscos, etc.), se asocian a un mejor funcionamiento cognitivo.

10.-Desde el punto de vista dietético, es conocido que los ácidos omega-3 permiten mejorar la memoria y la atención en pacientes con deterioro cognitivo asociado a la edad. Así mismo, la fosfatidilserina y la vitamina B12, en asociación con los ácidos omega-3, favorecen el rendimiento cognitivo.

Para asegurar una ingesta adecuada de ácidos grasos omega-3, fosfatidilserina y vitamina B12, se pueden utilizar suplementos dietéticos para complementar los aportes diarios procedentes de las fuentes naturales. Su médico le recomendará el complemento alimenticio más adecuado.